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Montañas y visitas panorámicas

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Montañas y visitas panorámicas

En las inmediaciones del hotel, aconsejamos hacer una excursión al Mottarone, a tan solo 25 minutos en coche o a 15 minutos en teleférico, ideal para los amantes del senderismo y la montaña. Desde su cima, a 1.497 metros de altura, se disfruta de una maravillosa vista de los seis lagos del valle del Po, de los Alpes italianos y suizos y del majestuoso Monte Rosa. Es posible llegar a la cumbre, que cuenta con instalaciones para practicar deportes de invierno, en teleférico o en automóvil, recorriendo "La Borromea", una carretera panorámica que atraviesa torrentes, bosques centenarios y verdes prados.

También merece la pena visitar Locarno y Centovalli, a 60 km de Stresa, una excursión inolvidable que se puede realizar en tren: se parte de Stresa en dirección a Domodossola, se cruzan las famosas Centovalli y, finalmente, se llega a Locarno. Para concluir el recorrido, es posible organizar un regreso rápido y divertido a Stresa en barco o en hidroala.

Al pie del majestuoso Monte Rosa, el pico más alto de Europa, se alza Macugnaga, a aproximadamente una hora en automóvil de Stresa. Se trata de un pueblo fundado hace ocho siglos por los walser, una población de origen alemán, rica en tradiciones culturales y folclóricas, conservadas a lo largo de los años; ejemplos de ellas son las casas de piedra y madera, los trajes con preciosos bordados, las fiestas y, como no, su idioma. El pueblo cuenta con servicios de acogida turística y unas modernas instalaciones deportivas y de esquí.

A unos quince minutos en coche de Stresa, en las colinas, se encuentra Gignese y su Museo de los Paraguas cuyo edificio tiene la forma poligonal típica de los paraguas. El museo se creó por voluntad de los paragüeros que, desde el s. XVIII, han hecho famoso a este pequeño pueblo. De hecho, todavía hoy, los paraguas fabricados en Gignese son apreciados en todo el mundo.

También merece una visita el romántico y bello lago de Orta, a unos cuarenta minutos en coche de Stresa. Como escribió Piero Chiara, un famoso escritor nacido en el lago Mayor, es "una acuarela de Dios, pintada sobre un fondo de seda, con su montaña sagrada detrás, su noble rambla flanqueada por edificios cerrados, la plaza silenciosa con sus fachadas con puntas detrás de las copas de los castaños de Indias y delante de la isla de San Giulio...". Un lugar de silencio mágico y refinamiento elegante.